¿Podría
describirnos una situación de su vida en la que le resolviera un
problema con éxito?
De las muchas que gracias a Dios he tenido la
suerte de vivir con él, me quedo con la fuerza y valentía que afrontó los
primeros años en los que fue el máximo responsable de la Banda, con apenas 16
años cumplido. Por aquel entonces, los músicos, a los que todos llamaban “los
romanos”, ensayaban sólo durante la cuaresma, pues interpretaban unas cuantas
marchas de estilo militar con una instrumentación básica, además, era habitual
las salidas y entradas durante el desfile procesional, es decir, era poco
“serio”. En apenas dos años, se multiplicaron los ensayos, recuerdo como nos
llamaban “locos” por tocar marchas de Semana Santa en el patio de mi casa
durante el verano, se instrumento con trompetas, trombones, las “liras” que se
mantuvieron durante algunos años, y se comenzaron a interpretar marchas, sobre
todo adaptaciones de cantos litúrgicos. Y sobre todo, eliminó las salidas y
entradas durante la procesión, ensañándonos a realizar penitencia. En pocas
palabras, revolucionó, y ayudó a convertir a los “romanos” en músicos cofrades
y penitentes, que van rezando con sus instrumentos tras la imagen de Cristo. En
el contexto actual, esto parece fácil y lógico, pero en su día que un chaval cambiara
la forma de actuar y pensar de personas mayores no fue nada cómodo, pues eran
numerosas las críticas injustificadas que recibió.

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